El Rol del Inspector de Enseñanza (Para saber dónde estar parado)

Lic. Marcela Abete


“El supervisor debe ser facilitador organizacional, lo que implica que pueda situarse:

Detrás del Directivo, para sostenerlo, estimularlo y contenerlo.

Al costado, para acompañarlo, y tal vez arriba cuando tenga que orientarlo o incluso, observarlo. Pero nunca por delante.

Un buen supervisor es aquel al que se lo reconoce por sus efectos en la tarea y el proyecto, no por ocupar el escenario.”

En estas palabras de Bernardo Blejmar se refleja un posicionamiento que va más allá de la función.

Primero se es persona, y los valores que se traen demuestran qué tipo de persona se es.

Cuando cada uno desarrolla su labor con respeto, con responsabilidad, con profesionalismo, aparece la vocación.

Ponerse en el lugar del otro, construir el rol con y por el otro.

Al hablar de la tarea del Inspector, muchos la ven como sinónimo de “control”, de “bajada de línea”…seguramente oímos expresiones como “lo pidió Inspección”, “lo dijo la Inspectora”, “si viene el inspector…”

Quienes hemos transitado por el cargo, cargamos a cuestas con paradigmas de gestiones que priorizaban lo burocrático como importante, la idea de pedir papeles, de contar alumnos, hacer planillas y relevamientos.

Luego, recibir indicaciones para revertir lo observado. Alguna felicitación, a veces.

Este es un rol que se construye en el día a día, pero con el otro, desde la empatía, con autoridad pedagógica. Ser quien orienta, apoya, asesora, facilita, pero también capacita, enseña, y por ende, aprende.

No son tiempos fáciles, lo cual nos pone frente a desafíos permanentes.

El Inspector como agente de cambio, movilizador y gestor frente a las nuevas realidades. Conocedor del territorio, nadie puede intervenir sobre algo que desconoce ni pedir a otros lo que no ha sido capaz de hacer primero.

A prueba de ensayo y error, pero no improvisado. A prueba de saber escuchar al otro, a poder/querer distribuir la palabra, ejercitar la escucha atenta y desarrollar un espíritu crítico.

Conocedor del territorio, de sus directores, de sus docentes, de sus auxiliares, de sus estudiantes, de sus instituciones, de su comunidad. Pero desde dentro, no detrás del escritorio de su oficina. Y me permito decir SU, pensando en un sentido de pertenencia.

Ser Inspector requiere habilidades y competencias que denoten expertiz, lo cual no significa que sea (o se crea) un “ser superior”.

He dejado para lo último y no por ello lo creo menos importante, sino que es el inicio de todo: El Inspector de Enseñanza debe ser capaz de trabajar en equipo. Aquí voy a detenerme, porque considero que es la cualidad sin equanon. Nada se construye en soledad, nada se hace desde la individualidad. Comprender este principio es la base de la tarea.

El aula del Inspector, son los Directores y Directoras de las instituciones educativas a su cargo… y con ellos debe construir un equipo de trabajo, desde la mirada del Nivel o Modalidad del cual provienen.

Pero también, el trabajo colaborativo con sus pares inspectores alimentará y retroalimentará su función y le permitirá poder pensar en verdaderas y necesarias articulaciones.

El rol nunca se termina de construir, y eso es bueno, porque infinitas son las acciones que debe pensar y poder llevar a la práctica para acompañar la trayectoria educativa de los verdaderos beneficiarios de sus actos: Los Estudiantes.

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