Cuando la virtualidad es más que un PowerPoint

Desde aquel marzo 2020 en que se decretó el ASPO, mucho se ha hablado y escrito sobre la virtualidad, las aplicaciones, las plataformas, la conectividad, además de los beneficios de una educación no presencial en detrimento de la presencial.


Los docentes, en vistas de los acontecimientos, tuvieron que pensar estrategias para vincular a sus estudiantes desde el espacio virtual, no perdiendo de vista que debían enseñar y ellos aprender.


Así, y como si fuera poco, muchos directivos y docentes pensaron en capacitarse, buscando herramientas para enfrentar este nuevo escenario educativo… a su costo y cargo inclusive.


Ahora bien, mucho se ha visto sobre estas clases virtuales que se ofrecían. Pero, y en rigor de la verdad, algunos creen que preparando un PowerPoint o compartiendo un PDF, estaba cumplido el mandato de “dar clases” virtuales.


La virtualidad, la no presencialidad… según como se lo llame, requiere de habilidades, competencias y destrezas que van más allá del instrumento, de la aplicación.


También es cierto que, buscando tutoriales, se puede “zafar”.


En esto de preparar clases virtuales, no se debe perder de vista el público a quien va dirigida. Además, que salvo raras excepciones, ese era el único momento de llegar al alumno…que en el mejor de los casos contaba con conectividad y con pc, notebook, celular… para poder acceder a ellas.


Hemos visto que, en un primer momento, la carrera por “subir”, mandar actividades y materiales a los estudiantes, mostró que se necesitaban recursos para recibirlos que muchas familias no tenían.


Muchos docentes pensaron en trasladar su clase presencial a la virtualidad, y eso generó que se enviaran cataratas de tareas, textos, PDF subidos a Classroom… algunos sin sentido, sin devoluciones…lo que generó, además, un vacío que se tradujo en que muchos estudiantes, los pocos que lo hacían, dejaran de conectarse.


En este 2020, se habló mucho de la comunicación sincrónica y asincrónica. Como si ello fuera lo único necesario para generar el vínculo entre docente, alumno, escuela, familia.


Ahora bien, pasado ese primer cimbronazo… entramos en un nuevo ciclo lectivo. La situación parece ser diferente, porque se han retomado las clases presenciales. Sin entrar en detalles del propio contexto de la salud en estas líneas, hoy tenemos otra realidad.


¿Otra realidad?


¿Hubo tiempo para acondicionar los edificios escolares?


¿Hubo tiempo para dotar de conectividad a escuelas, pero también a docentes y estudiantes?


¿Hubo tiempo para generar dispositivos de capacitación para el profesorado en el uso de herramientas TIC, en el uso de mediadores pedagógicos y poder así generar un formato que combine lo virtual con lo presencial para recuperar saberes?


La respuesta es SI. ¿Se hizo? NO.


O a medias… porque en lo que concierne a la capacitación, hay ofertas de cursos que provienen de organismos del Estado (nacional o provincial) que cuando el interesado quiere ingresar, le responde: SIN CUPOS (y recién se abrió la inscripción).


En los otros aspectos, no hubo avances. Y eso preocupa. ¿A quiénes? Evidentemente no a quienes están encargados de gestionar políticas públicas en Educación.


Ahora bien, a la preocupación inicial de poder vincular al estudiante, de hacer las clases atractivas, motivadoras para que aprenda, hoy hay que sumarle otras, porque la inacción es evidente, y eso no es suficiente. ¿O sí?


Sea cual fuere la respuesta, no debe perderse de vista a los estudiantes…la idea de combinar formatos dando prioridad a la presencialidad, más allá de reconstruir y mantener el vínculo, deben estar pensados para que aprendan y ahí sí, la enseñanza virtual debe ser más que subir un PowerPoint.



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